Por el Profesor Yamandú Sosa.
En primer término debo agradecer al TATO, quien me honra
con su confianza y con su amistad, por brindarme este espacio de opinión que,
como todas sus construcciones, es una puerta de acceso a multiplicidad de
lectores.
Quisiera abrir un espacio de análisis, y, ojalá, de
discusión, en cuanto a la integración de los cuerpos técnicos en el fútbol.
Nuestro fútbol, es sabido, disfrutó hasta 1937 de una
preponderancia única, histórica e incomparable a nivel internacional.
Luego viene la segunda guerra mundial, la suspensión
temporal de las actividades a nivel mundial y el reinicio de 1950. Esa fue nuestra última gran victoria a ese nivel
competitivo.
Si analizamos la estructura con que se armaban y se
dirigían los cuadros en todo el primer tramo de éxitos del fútbol uruguayo,
encontramos que los roles están difusos. Pesaban muchísimo los dirigentes
sumados al capitán en el ensamblado del equipo y la incorporación de jugadores.
El armado puntual del mismo, llegado el día y la hora del partido, corría por
cuenta del capitán. El peso que tuviese la figura del capitán por encima de la
dirigencia estaba determinado por el tipo y
capacidad de liderazgo del mismo. En esta balanza no existían roles
predeterminados, cada uno se ganaba lo suyo en el campo mismo de los hechos.

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