martes, 10 de abril de 2012

Por amor al arte
Por Juan R. Silva
La madrugada del domingo, cuando la suerte que es grela, fayando y fayando nos dejo paraos, se fue Ariel a relatar golazos en el cielo y a escribir versos de murga, las dos pasiones que nos unieron toda la vida.

Porque desde que llegue de Villa Sara, del otro lado del puente siempre mi vida se cruzó con la de Ariel, continuamente la pelota y la pluma al decir de nuestro común amigo el “Pelau” Aldave, nos ponían enfrente o al lado, primero en la cancha ya que jugamos juntos en el “Oli” el de lateral derecho y yo peleando el puesto con Raúl Dávila, otro “mostró” del compañerismo.

Y ya ahí “el Ariel” que era un poquitito más grande mostraba que estaba para grandes cosas, su forma de ser, suave pero decidida era una marca registrada.
Así la juventud nos llevo casi por los mismos caminos, a veces yo adelante, a veces él, pero no solo éramos con/generacionales, éramos fanáticos de las mismas cosas, eso nos acercaba mucho, porque también después nuestros distintos temperamentos nos impedía ser amigos / amigos, el tan serio, yo tan extrovertido, eso no era obstáculo empero para que yo ya sintiera enorme respeto por ese chico que desde temprana edad mostraba su bigote como seña de madurez, como rasgo distintivo.

Ya transformado en periodista de la mano de su gran amigo, “el profe” Pinho, el que después de verlo lucirse en la vieja y querida radio Olimar, lento como es el profe jajaja “lo arrimó” a la 45 un día nos reencontramos en “la Obrera”, una murga que habíamos armado en la O.S.E. con el negro Da Silva y “el Co” Pereira hoy también desaparecido y ahí de vuelta en esa cruz de caminos que es la vida, me permitió volver a compartir cosas con Ariel, cosas que incluso en “la pluma” nos hizo jugar en el mismo cuadro, ese el de los “creativos”, al principio y después enfrentarlo toda la vida, porque como escritores de murga Ariel era un “pintor de la sensibilidad” y este humilde escriba un casi que panfletario y crudo “contador de realidades” tal era nuestra diferencia, el un enamorado eterno del estilo de murga / murga, yo un irreverente impulsor de “las nuevas corrientes”.

Pero era tan bueno el Ariel escribiendo, tan incondicional con sus amigos y su sentir, que aprendí, después de respetarlo como jugador de futbol y periodista, a quererlo como murguista y escritor, porque Ariel era capaz de sentir y trasmitir lo que mi dureza literaria y rebeldía casi descontrolada no podía alcanzar nunca, el corazón de los humildes, yo quería que pelearan, Ariel quería que sintieran, y la verdad de corazón lo digo, te envidie y te envidio sanamente amigo.

Técnico de futbol de salón, estudioso de juego, apasionado, periodista, relator de ciclismo y de carreras de caballos, veraz, explicito, profesional.

Pero cuando gracias a Wilson Mario empecé a comentar futbol y fui al principio nuevamente rival y estos últimos años compañeros, creo que fue que recién, tal cual dice La Falta, “mi murga” aunque sé que vos eras de “Araca”, recién empecé a “rascar la cascara” de uno de los hombres más fabulosos en el arte de comunicar deporte que vi y disfrute en mi vida como creativo.

Yo señores, tuve el inmenso placer de comentarle partidos a Ariel Rodríguez, un tipo que sabía de futbol, tanto que su relato fresco y sobrio, tal cual era él, le permitía tirarme continuamente el “pie” para demostrar “la técnica y la táctica” existen en el futbol pueblerino de Treinta y Tres, tan grande era su capacidad de síntesis.

No creo haber sentido que era amigo de Ariel, creo que el si me sentía amigo, es más me acuerdo claramente cuando se enojó por una critica mía a “Los Payasos” y que me mando un mensaje fuerte, a los pocos días aceptándole a Mayito, que había estado mal, saludándome con el mismo afecto de siempre esa tarde, ese era Ariel, pasional para defender lo suyo, inmensamente humano, soberbiamente grande para mirarte y con la mirada decirte todo.

Yo pocas veces trato estos temas en Futbol Loco, creo que la mejor manera de homenajear a la gente es quererla en vida, eso me enseño mi vieja, pero como desde que fui al sepelio me parece que tengo “un ñudo en la garganta” y espero con estas letras hacer mi “descarga”, quería en mi sueño demencial de que estés leyendo esto amigo decirte que me comprometo a seguir viviendo , las dos pasiones que nos unieron, con la misma descontrolada emoción, como lo hicimos, la murga y el comunicar el deporte, porque en definitiva esa fue tu escencia, poder comunicar deporte, poder comunicar vida, esa misma que despreciaste por esa “viuda negra” que en forma de cigarrillo, te llevo lejos para que tu pueblo no pueda seguir descubriendo las letras de un “Militante de la vida”.

Amigo Ariel Rodríguez, un abrazo fuerte, descansa amigo donde quiera que estés, yo cada vez que escuche una bajada de murga que eriza, cada vez que sienta un relator vibrar en una llegada o en un grito de gol, me acordare del hombre del bigotito, del amigo serio y vos seguirás viviendo en mi recuerdo, vos que te endurecías sin perder la ternura, porque yo, el “Silvita” que vino del otro lado del puente, tuve la suerte del mundo, yo sentí que había “llegado” a mi sueño, cuando un día escuche al aire y por la “45”: “Relata Ariel Rodríguez comenta el “Tato” Silva” .

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