Triste Centenario.
Por Juan R. Silva
Mal año este 2014, cuando el Treinta y Tres cumplió sus 100 años de vida, para la institución decana.
Porque justamente con vistas a una instancia tan importante, cien años no se cumplen todos los días, las expectativas para los dirigidos por José Francisco Denis eran alentadoras al inicio de temporada, era el candidato máximo, tan alentadoras eran, no solo en lo local sino en la Copa, que estos resultados finales, son la consecuencia justamente de esa sensación de fracaso que fue ganando poco a poco y a medida que los resultados se daban, las filas del decano.
Y que tuvo su golpe final el pasado martes cuando justamente ante su rival de todas las horas, la frutilla de esa amarga torta de los 100 años, termina la temporada para los albicelestes.
Y el Treinta y Tres jugó, eso sí consecuente con toda la temporada, mal, con mucha entrega, mucho pundonor, mucha ansiedad y con todo eso mesclado confusamente en una línea emotiva que lo desborda y lo hace llenarse de apuro, confusión y stress, que lo ata, lo anula y lo hace cometer errores infantiles que terminan, invariablemente en un ataque histérico…dice un viejo dicho que “ el hombre cansao llora pelea o se va”…Treinta y Tres es su fiel reflejo, eso ha sido el año del decano…nunca tuvo respuestas ni técnicas, ni físicas ni emotivas que no fueran más que el querer.
Y Huracán que jugó, con esa ansiedad y ese apuro rival como viento de cola, jugó también su mejor partido del año, serio en defensa, con un Fernando Gómez, que se a consolidado como último hombre y es casi que infranqueable para las ofensivas rivales, más que por la percepción de que si pasas el “Pichón” te va a dejar arriba del alambrado que por su rendimiento puntual, con un fondo que poco apoco ha ganado conocimiento entre sus jugadores pero que sigue siendo una zona débil del globito.
Pero repito este fu de los mejores partidos del año de Huracán, el mejor en el torneo local, bien planteado, aprovechando la debilidad de Treinta y Tres en su sector izquierdo y con alguna muy buena actuación individual como la de Oscar Gómez, la figura de la cancha, dándole una consistencia al trabajo colectivo, del medio juego más que nada, que luego pudo ser aprovechado.

Sobre el final lo de siempre, roces, manotazos, apartadores y un entrevero final que lo único que hace es confirmar que de “pesao” ya nadie le gana a nadie, jugando el globito fue mejor, como todo el año, el año del centenenario del Treinta y Tres…una amargura.
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